17 de marzo de 1920: nace Olga Orozco

Olga Orozco (Toay, 17 de marzo de 1920 – Buenos Aires, 15 de agosto de 1999) fue una de las más destacadas poetas argentinas. 

Algunos de sus primeros poemas aparecieron en la revista Canto, publicación en la que se nuclearon muchos de los poetas de la Generación del 40. En 1946 se editó su primer libro, Desde lejos y a ese siguieron muchos otros, entre los que sobresalen Las muertes (1952), Los juegos peligrosos (1962) y Cantos a Berenice (1977), compuesto por poemas dedicados a su gata de igual nombre. Sin ser narrativos, sus poemas son extensos por proliferación de imágenes de predominante clima metafísico y ritual. Como muchos surrealistas, Orozco tuvo especial interés por el tarot, la magia y la astrología (era de piscis, con ascendente en acuario), lo que dotó a su vida y a su poesía de una visión oracular del mundo. A estos temas dedicó diversos poemas, como “La cartomancia” o “Sol en piscis”. Adhirió a una concepción ceremonial de la escritura, en la que cada gesto y elemento vinculado al acto de escribir aparecía revestido de particular importancia (según sus propias palabras, escribía con una piedra en la mano: alternaba entre una de la tierra en la que había nacido su padre, otra de la tierra de su madre y una tercera que le había regalado un chico del que estuvo enamorada a los seis años). Escribió además dos libros de narraciones, ambos autobiográficos y evocadores del tiempo de la infancia: La oscuridad es otro sol (1967), ilustrado con dibujos y collages de Enrique Molina y También la luz es un abismo (1995). Molina había ya ilustrado la tapa de Los juegos peligrosos y, sumado a este círculo de relaciones surrealistas, dos dibujos de Juan Batlle Planas habían acompañado los poemas de la primera edición de Las muertes.

Orozco fue además actriz de radioteatro, traductora y periodista. Llegó a publicar con ocho seudónimos diferentes en la revista Claudia y fue durante años responsable del horóscopo del diario Clarín. A fines de los años setenta la editorial Corregidor reunió por primera vez su Obra poética y en las décadas siguientes su poesía fue traducida y premiada ampliamente. Al recibir el Premio Juan Rulfo, afirmó que “la poesía espera para sí misma la misteriosa gratificación de asir lo inasible y expresar lo inexpresable”. Un año después murió en la ciudad de Buenos Aires, el 15 de agosto de 1999.

En la Biblioteca Nacional pueden consultarse las hoy muy raras primeras ediciones de sus libros, uno de los cuales está dedicado entrañablemente a Gonzalo Losada, su editor, a quien le agradece por ser “ángel guardián y protector de la poesía”.

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