31 de diciembre de 1878: nace Horacio Quiroga

El 31 de diciembre de 1878 en Salto, Uruguay, nació Horacio Silvestre Quiroga Forteza, figura mítica de las letras latinoamericanas. 

En la estela del Modernismo y de algunos regionalismos, Quiroga supo conjugar continuidad y ruptura, asimilación e inventiva. Produjo su polifacética obra perseguido por la desgracia y por la muerte: la de su padre –ocurrida por accidente en su presencia cuando tenía apenas dos meses–, el suicidio de su padrastro, la muerte de sus hermanos, el homicidio involuntario de un amigo querido, el suicidio de su primera esposa y el de su admirado maestro Leopoldo Lugones. Un destino trágico que se cerró en 1937 con su propio suicidio, luego de que le diagnosticaran cáncer de próstata. A los veinte años comenzó a colaborar en algunas publicaciones periódicas locales, recién despierta su vena poética. Gracias a la herencia paterna pudo viajar a París y realizar el sueño de todo joven escritor latinoamericano. La experimentación con drogas y los gestos de escritor maldito que caracterizaron esa etapa de su carrera responden al mandato de transgredir el pensamiento establecido, rasgo central de su aventura intelectual. Ignorado inicialmente por la crítica uruguaya, logró consagrarse en Buenos Aires, donde sus cuentos adquirieron notable popularidad y donde tuvo a su cargo la sección de crítica cinematográfica de las revistas Atlántida y El Hogar y del diario La Nación. Habiendo conquistado el medio, nunca dejó de destacar los sinsabores de la profesión, pocas veces redituable pese a su poder transformador. Una expedición a Misiones, financiada por el Ministerio de Educación para investigar ruinas jesuíticas, lo convenció de invertir su escaso capital en la selva. Aunque fracasó económicamente en varios proyectos, la experiencia definió el rumbo posterior de su vida y de su obra. A partir de este momento, alejado de la ciudad y de sus circuitos culturales y afectado por turbulentas crisis, se dedicó a buscar la clave del espacio elegido y de “los tipos” que lo habitaban. Haber desmontado, talado, fabricado canoas y levantado casas con sus propias manos lo hizo reivindicar los orígenes del movimiento obrero, “en una región que no conserva del pasado jesuítico sino dos dogmas: la esclavitud del trabajo, para el nativo, y la inviolabilidad del patrón”. Jack London, Rudyard Kipling, Herman Melville y Joseph Conrad influyeron notablemente en su abordaje literario de la naturaleza salvaje. Más que describir la fatal determinación que ejerce el entorno en el individuo, le importaba encontrar, a través de elementos formales y descripciones alucinantes, una escritura propia de ese salvaje mundo circundante. Admirador confeso de Edgard Allan Poe, de Guy de Maupassant y de Antón Chejov, Quiroga descubrió una manera de ser original y auténtico alterando esa herencia. Una operación que lo convirtió en una de las plumas mayores de nuestra joven literatura rioplatense.

Volver

La Biblioteca Nacional permanece abierta al público durante el mes de enero de lunes a viernes de 9 a 15 hs. con servicios limitados.